Centro Interpretación del Arte Rupestre

Campo Lameiro, Pontevedra
Primer premio de concurso de ideas. Premio ENOR Galicia 2011

Proyecto: 2002/04. Construcción: 2005-2009

 

 

Este edificio se sitúa dentro del parque arqueológico del arte rupestre, acoge espacios expositivos abiertos al público y otros de investigación de uso especializado. Está situado al sur del área arqueológica, y forma con ella un proyecto unitario de intervención en el paisaje, encaminado a la recuperación de toda el área y a la comprensión de la relación simbólica y topológica de los grupos de gravados con el territorio en que se ubican. El Centro se plantea como una antesala del parque arqueológico, que prepara al visitante para el recorrido por éste, no sólo mediante los contenidos del programa museístico sino también con la creación de un espacio que contribuya a que la visita sea un acontecimiento en el que los aspectos culturales y lúdicos se fundan con los vivenciales, intensificando la percepción.

Se accede al edificio a través de un gran pórtico cubierto configurado como un espacio de recepción y espera que lo articula funcionalmente: hacia el lado oeste los espacios de cafetería y tienda, hacia el lado este los espacios de exposiciones, semienterrados respecto al nivel exterior del suelo. Sobre ellos se sitúan las áreas de administración y documentación, que tendrán un uso más restringido y especializado. Del gran pórtico abierto parte la red de senderos que lleva a los diferentes grupos de gravados rupestres.

El aspecto exterior del edificio, recubierto de losas de granito que se solapan para que el agua de la lluvia discurra sobre ellas, es el de una gran roca que emerge del terreno, su silueta se pierde entre los árboles, aunque se atisba levemente desde el otro lado del valle. Su geometría no crea espacios exteriores, más allá de los espacios de aparcamiento, alejados y deprimidos respecto a la cota del suelo para ocultar los coches, el exterior es el espacio natural con su microcosmos de vegetación y vida animal. En el interior, el visitante que recorra las salas de exposición tiene como única referencia del exterior la luz penumbrosa y los sonidos que le llegan desde los grandes huecos abiertos en el techo, los sonidos de la lluvia o del viento en los árboles, de los pájaros y los insectos en verano. La tenue luz interior contribuye a potenciar aquellas sensaciones más auditivas y táctiles que visuales, que nos remiten a formas de percepción más cercanas a las personas que habitaban el lugar hace miles de años: sensaciones como el movimiento del aire, las texturas de los materiales, la sonoridad, la leve inclinación del suelo en las áreas de recepción, ayudarán a familiarizarnos con el mundo que el recorrido expositivo pretende explicar.

 

Fotografías: 1, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 realizadas por Tono Mejuto

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Campo Lameiro (Foto: Hector Santos)

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