Parque Arqueológico del Arte Rupestre

 

Campo Lameiro, Pontevedra

En el valle medio del río Lérez, en los ayuntamientos de Campo Lameiro y Cotobade se encuentra una de las concentraciones de arte rupestre al aire libre más importantes de Europa.

El proyecto comprende el acondicionamiento de las 21,8 Ha de superficie del parque arqueológico, en el que se encuentran algunos de los grupos de petroglifos de mayor interés de la zona, y la construcción de un centro de interpretación y documentación, que será el centro de referencia para la difusión y el estudio del arte rupestre gallego.

 

El Centro de Interpretación

El Centro de interpretación se alberga en un edificio longitudinal situado entre la carretera de acceso y el parque. Un gran hueco atraviesa transversalmente el edificio conectando el camino que parte del aparcamiento con el que vertebra las circulaciones a través del parque. Este hueco es también el zaguán de entrada a los principales espacios públicos del centro. Desde él se accede al vestíbulo, que mediante una serie de rampas conduce a los espacios de exposición y, por el otro extremo, a la tienda y a la cafetería, lo que permite un uso independiente respecto al resto del centro.

Los espacios de administración e investigación están situados en la planta superior, a ellos se accede desde la parte posterior del edificio, la fachada norte, de modo que su actividad no se vea afectada por el ir y venir de visitantes que recorren las salas de exposición y el parque.

 

La implantación en el lugar

Campo Lameiro es montañoso, de asentamientos dispersos separados por grandes masas forestales. El Parque arqueológico está situado en una zona elevada orientada en dirección norte sur,  rodeada por valles profundos al norte y al oeste y por un valle más ancho, ocupado por tierras de cultivo al este y al sur. El paisaje del parque se caracteriza por los afloramientos rocosos situados en las zonas más altas, que circundan las brañas centrales.

El centro de interpretación está situado en la zona más baja de la ladera sobre la que se extiende el parque arqueológico, en el lugar ocupado por el antiguo campo de fútbol de las parroquias cercanas. La eliminación de la explanación existente permitió recuperar en parte la topografía original en el entorno del edificio, y realizar diversas modificaciones como la formación de un terraplenado en la zona sur para ocultar el aparcamiento y la creación de diversos patios en la zona norte que albergan aulas al aire libre, zonas de carga y descarga y espacios de instalaciones.

Gran parte del edificio se encuentra por debajo del nivel del terreno, de este modo reduce su volumen exterior, a la vez que establece un vínculo con los afloramientos rocosos sobre los que están gravados los petroglifos.

 

Las salas de exposición

Una de las ideas iniciales del proyecto fue que los espacios de exposición fueran como grandes oquedades en el terreno, como grandes cuevas a las que se accediera descendiendo desde el espacio exterior, esto se debía en parte a que el programa requería salas totalmente oscuras en las que poder desarrollar una museografía de tipo escenográfico, pero sobre todo a la idea de crear unos espacios que, aunque situados en medio de un entorno natural, negaran la relación visual con él, de modo que fueran otros modos de percepción espacial, quizá más primitivos, los que guiaran los primeros pasos del visitante a través del edificio.

Sin embargo consideramos importante que las salas recibieran luz natural, que a pesar de cerrarse al exterior existiera un vínculo que introdujera los cambios atmosféricos o los sonidos exteriores en el su interior. Las salas reciben una tenue luz de los lucernarios que atraviesan la planta superior hasta la cubierta. Las dimensiones de cada lucernario se ajustaron en función de su orientación y de su altura para evitar que la luz penetre directamente en las salas.

Los lucernarios están presentes en todo el edificio, la variación de su ancho gradúa la entrada de luz estableciendo un ritmo, de los espacios más iluminados: cafetería, zaguán exterior, a los más oscuros: vestíbulo, salas.

El carácter público de los espacios de la planta baja se pone de manifiesto a través de los materiales empleados: el acabado terso de los muros de hormigón, los pavimentos de hormigón gris oscuro del vestíbulo y de la cafetería, y la madera de roble en las salas.

 

Los espacios de administración e investigación

En contraste con la planta baja, la atmósfera de los espacios de trabajo de la planta superior es luminosa, amplios espacios de paredes blancas con pisos de tarima de roble que se abren mediante grandes ventanales a las vistas del Parque y de los montes cercanos. El vestíbulo y los pasillos se iluminan a través de algunos de los lucernarios, que en esta planta permiten el paso de abundante luz.

 

La envolvente de granito

Las fachadas están recubiertas de losas de granito gris solapadas tanto en el sentido horizontal como en el vertical. Aunque esta disposición responde a la búsqueda de una superficie texturada y su funcionamiento es el de una fachada trasventilada, para la disposición de los solapes verticales se ha tenido en cuenta la dirección predominante del viento en los días de lluvia: sur-oeste, lo que provoca encuentros distintos en cada una de las esquinas del edificio. Las losas se sujetan a los muros estructurales de hormigón mediante anclajes puntuales de acero inoxidable. Se ha modificado un modelo de anclaje estandard para permitir el solape de las piezas de granito en las dos direcciones.

La textura de las fachadas contrasta con la superficie de los vidrios de las ventanas, en los que se reflejan las nubes y los árboles del entorno. Estos vidrios están fijados con silicona estructural a marcos de acero inoxidable que se atornillan sobre cajones construidos con chapones de acero galvanizado en caliente, anclados a los muros de hormigón.

La cubierta está formada por losas de granito que, con una disposición escalonada, se apoyan sobre perfiles tubulares de acero galvanizado colocados sobre plots. La disposición de los vidrios que cubren los lucernarios es similar a la de las ventanas, lo que contribuye a acentuar la  continuidad entre fachadas y cubierta.

Tanto las paredes como el techo del zaguán de entrada están también recubiertos con losas de granito, que en este caso se disponen en planos continuos.  Las placas del techo se cuelgan mediante varillas de acero inoxidable de una subestructura de perfiles tubulares de aluminio, fijada a las vigas del forjado.

 

La integración de las instalaciones

Se ha realizado un importante esfuerzo para integrar las instalaciones en la concepción del edificio, aceptando sus condicionantes como elementos enriquecedores de la propuesta arquitectónica.

Las instalaciones generales se concentran en el edificio de servicio situado al norte del edificio principal, los dos se conectan mediante una galería visitable por la que discurren todos los conductos. Las salas de climatizadores se sitúan en los dos extremos de la planta superior. Los climatizadores toman aire exterior por la fachada norte y expulsan el aire viciado por la fachada sur, estas entradas y salidas de aire se manifiestan en una alteración de las escamas de piedra, que se abren para formar una especie de las branquias. Esta disposición ha permitido liberar totalmente la cubierta de elementos de las instalaciones para poder tratarla como una fachada más.

 

El parque arqueológico

La tala de los eucaliptos y el desbroce del matorral que invadía el terreno del parque supuso un cambio radical en la percepción del paisaje, los afloramientos rocosos, las brañas y los robles, antes perdidos entre la espesa vegetación, se hicieron claramente visibles, haciendo patente la relación entre los grupos de gravados rupestres y la de estos con el paisaje.

La construcción de una red de caminos y senderos hizo posible la integración de los grupos de petroglifos en un conjunto de recorridos coherente, que permiten al visitante ir descubriendo los gravados a medida que recorre el parque.  Como complemento a la red de caminos se crearon una serie de áreas de descanso distribuidas a lo largo de los recorridos.

Para facilitar la identificación de las rocas con gravados y favorecer su observación, se construyeron plataformas de madera en los principales grupos. Las plataformas sitúan al visitante en el punto óptimo para la contemplación de cada petroglifo y establecen un límite virtual para que los visitantes no caminen sobre los gravados. La construcción de cada plataforma parte de la contraposición de un sistema constructivo común con la variedad  de configuraciones de las formaciones rocosas, la topografía del terreno y la posición de los gravados rupestres.

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